Es una versión -más sutil- del "vamos por todo" alperovichista. El radicalismo acaba de dar un paso políticamente importante hacia los años electorales de 2013 y 2015, pero dio otros tantos en contra de la coherencia discursiva.
El mismo partido que exige públicamente al oficialismo que no se aparte de la ley ignora su propia norma fundacional. La carta orgánica es injusta, arbitraria y proscriptiva, claramente, pero es la que se utilizó para convocar a este proceso electoral. El argumento del canismo es endeble. Y confirma las contradicciones radicales: en 2011, la UCR criticó en la Justicia el tercer mandato de Alperovich, pero cobijó en sus listas a concejales que sí lo hicieron. El acuerdo posiciona a Cano como único referente radical para enfrentar al Gobierno, aunque subordina la estructura partidaria a una sola persona. Algo parecido a lo que impone el alperovichismo, desde 2007, en el PJ.